Existen muchos mitos con respecto al suicidio, a los suicidas y a quienes lo intentan.
El suicida está decidido a morir.
Por el contrario, los suicidas suelen ser ambivalentes acerca de la vida o la muerte. Alguien puede actuar impulsivamente al beber plaguicidas, por ejemplo, y morir unos pocos días después, aunque hubiera preferido seguir viviendo. El acceso al apoyo emocional en el momento propicio puede prevenir el suicidio.
Quien haya sido suicida alguna vez, nunca dejará de serlo.
El mayor riesgo de suicidio suele ser de corto plazo y específico según la situación. Aunque los pensamientos suicidas pueden regresar, no son permanentes, y quien haya tenido pensamientos e intentos suicidas puede llevar después una larga vida.
Solo las personas con trastornos mentales son suicidas.
El comportamiento suicida indica una infelicidad profunda, pero no necesariamente un trastorno mental. Muchas personas que viven con trastornos mentales no son afectadas por el comportamiento suicida, y no todas las personas que se quitan la vida tienen un trastorno mental.
Hablar del suicidio es una mala idea y puede interpretarse como estímulo.
Dado el estigma generalizado alrededor del suicidio, la mayoría de las personas que contemplan el suicidio no saben con quién hablar. En lugar de fomentar el comportamiento suicida, hablar abiertamente puede dar a una persona otras opciones o tiempo para reflexionar sobre su decisión, previniendo así el suicidio.
La mayoría de los suicidios suceden repentinamente, sin advertencia previa.
La mayoría de los suicidios han ido precedidos de signos de advertencia verbal o conductual. Desde luego, algunos suicidios se cometen si advertencia previa. Pero es importante conocer los signos de advertencia y tenerlos presente.
Quienes hablan de suicidio no tienen la intención de cometerlo.
Quienes hablan de suicidio pueden estar pidiendo así ayuda o apoyo. Un número significativo de personas que contemplan el suicidio presentan ansiedad, depresión y desesperanza y pueden considerar que carecen de otra opción.
Se la conoce también como tele-terapia, es una herramienta que ha estado surgiendo gracias al avance de la tecnología, pero su mayor auge se dio por la pandemia covid 19 que ha afectado la salud mental de toda la población. Este tipo de terapia permite que el psicólogo pueda brindar sus servicios de asesoramiento y apoyo a través del internet ya sea por videoconferencia, chat o llamada telefónica. Es indispensable que exista una buena relación entre el psicólogo y el paciente para que la terapia sea efectiva, para que esto suceda es necesaria la interacción entre ellos, donde se puedan observar, mirar el comportamiento, etc. Por tal razón es que la terapia online ha recibido varias críticas, sin embargo, investigaciones recientes han demostrado la eficacia de los tratamientos en línea así como los llevados a cabo de manera presencial. La psicología online es un medio de comunicación adecuado para aquellos pacientes que no puedan ir de manara presencial o para situaciones como l...

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